Las llaves de casa en el coche. El coche dormido en la calle: en una. Al final entro porque el subconsciente siempre guarda latas (y llaves) por si vienen jornadas crudas. Tiro los zapatos, fuera la capa y dentro la sopa. Una cebolla partida: qué haces ahí. Te recordaba en la mesilla de noche, desepejas la nariz. Hay que volver. ¿En coche? no, que está en el parking. Caminando también se llega. Respiro, camino.Todos los días mueren árboles.
Páginas
martes, 14 de octubre de 2014
jueves, 9 de octubre de 2014
El vergel de Carmela
Carmela aparece como Pedro por su casa y no le puedo recriminar
la desfachatez porque es frescura. Anuncia que llega a las nueve, pero luego se
le hacen las diez. Anda siempre Castellana arriba Castellana abajo, y de vez en
cuando creo comprender la genialidad que resulta entre su intelecto eléctrico y
las concesiones neuronales al silencio del buen retiro. Carmela es la concreción material de que los
extremos se acarician y conjuntan bien. Como cuando se viste con blusón y
pantalón negro y remata el look con zapatos de purpurina dorada. Todos la
conocen por su nombre corto, que en hebrero significa jardín de Dios. En
realidad le pusieron al nacer Carmen Maximina, vergel de vocales abiertas donde
echó raíces la Carmela de ahora. Más sencilla. Es el change to change, (lo dice en su perfil de whatsapp) y si quieres
te lo explica en español, porque guarda las formas de la modernidad bien
entendida. “Mi animal preferido son las hormigas, me flipan. Taca taca taca taca. Todos los días: taca taca taca taca… En fila. Disciplina
y movimiento”. Nos tomamos algo en el Cock y observo su pelo corto bien
ajustado a la forma del cráneo; las gafas de pasta que pese a sus dimensiones
no le entorpecen la mirada, y pienso que así, a sorbos irregulares pero
frecuentes, nunca había visto a nadie beberse un Martini.
“Nada pueden
bombas, rumba la rumba la rumba donde sobra corazón,
¡Ay Carmela!”
viernes, 26 de septiembre de 2014
Leche en polvo
Esta mañana el pederasta ha desayunado café con leche en polvo y unas galletas. Ha pedido que le cambien las esposas porque le apretaban los músculos. A estas horas algunos medios estarían dispuestos a recoger sus heces y evaluar el grado de descomposición, no vaya a ser que queden restos libidinosos que den para otra tertulia. Su casa es de ladrillo: como todas. Pero hasta lo mundano puede resultar extraordinario si se somete al yugo de la repitición, al comentario en tono agudo de rostros parlantes (los hay por miles). Ahora andan detrás de las abuelas que llevan a los niños a los parques para ver asomar sus garras entre los mandiles de diario. Es el turno de la precipitación y las cámaras -espejos públicos, de qué- que aguardan apostadas en las calles para llevar a los hogares la señal de la venganza. Sin darnos cuenta nos hemos convertido en aquellos que vemos.
martes, 16 de septiembre de 2014
Canon
Ayer me recordaron que los artistas componen cuando andan
depresivos. Que la creatividad es una viuda que encuentra consuelo en la
imperturbabilidad de la bruma. La tos enguarra el lienzo en los días lentos y
el intelecto comprende que no queda más remedio que escupir la flema. Dicen que
hace falta una depresión honesta para urdir los dedos en arcilla y descubrir
la fisionomía de la verdad. Qué diferente debió ser la inspiración de los
empresarios y banqueros que estos días mueren desprovistos de niebla y polvo. El éxito les encontró siempre lúcidos y templados. Tranquilos como el dedo despreocupado que interpreta un repetitivo canon. Y quién discute ahora que eso no fue también música.
jueves, 28 de agosto de 2014
La huida
Salivamos la impaciencia de los matones que esperan el
crimen. Aúlla el calor y nos convertimos en seres mortecinos en busca de algo
que no sabemos dónde buscar. Agua que infla el estómago pero no sacia. En las
calles no quedan niños (adónde irán los que no nacen) , sólo ancianos de venas
violáceas y este jadeo de terral.
Agosto, vete de espantada y
probablemente caminaremos con los pies igual de hinchados pero redimidos.
Cueva para el letargo, mes mohíno que pisotea flores y propicia el llanto.
No queda nadie quien te escriba, pero te mostraremos el camino de salida y
sonarán flautas durante tres días.
viernes, 22 de agosto de 2014
En este pasillo
Recuerdas a una de esas bailarinas que
lleva años sobre la tele del salón en tedioso ensayo de la posición del arabesque de la escuela rusa. Total
para qué, se preguntan. Tu lago de los cisnes no es más que este pasillo de
baldosas que amarillean y ventanas cerradas a cal y canto que sin embargo
conviertes en tablón de teatro, escenario de ilusiones que te gotean por la
falda de tul blanco. Purificación: no existe un nombre más exacto para
recogerte en brazos.
Acaso este lugar sólo es un pretexto para poner el alma a
remojo y esperar tu particular ablución cuando caminan las horas y se acumulan
los papeles con grapas y chirrían los teléfonos y se viene abajo una estantería
de contabilidad y comienzan a humear las ventanas de quienes no pueden
aguantarse las ganas de fumar y se entremezclan las voces por el túnel de la
escalera de los que suben a tomarse el café con leche en la octava planta.
Entonces asomas la cabeza por la puerta de tu despacho y
creo ver palomas blancas que te acompañan al cuartito de la fotocopiadora.
Anuncian tu nombre y sales del camerino con la frente ancha. Extraña bailarina de talones sobre el suelo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




