"Escribo porque no estoy contenta,
porque no estoy conforme,
ni dormida, ni ciega
ni muerta"
Ana María Matute
Páginas
jueves, 26 de junio de 2014
martes, 17 de junio de 2014
Ciclo rojo
El coscorrón en la cabeza que duele pero no sangra. El dedo sudando rojo por el bocado de la grapadora. La señora de piernas envueltas en celofán, dónde irá. El viaje acunado por las cerezas arrancadas del Jerte; ya hace días. Tinta de tomate.
jueves, 5 de junio de 2014
martes, 3 de junio de 2014
Martina
Marta tiene dos nombres que explican los dos lados de su vida. Es Martina cuando lee Celia en el Mundo de esa forma pausada pero firme que esculpe la voz de los niños en primaria. Es Martina cuando pinta y exhibe con despreocupación sus manos abullonadas que rebosan entre dedos. Martina la que tritura una montaña de galletas artiach y luego ríe. Martina porque le salen a borbotenes las canciones de Violeta y cierra los ojos y los aprieta mucho. Es Martina la que de repente te coge la mano para ir a buscar caracoles colgados.
Se hace Marta luego, cuando apagan las luces y la
oscuridad le rezuma en el pecho. Marta metida en la cama con un pijama de
Dora como único envoltorio. Marta la que no comprende por qué le cae agua de los ojos.
viernes, 23 de mayo de 2014
Ángeles en monopatín -volador
Son ángeles en monopatín-volador. Hay decenas de ellos pero si los miras contonean las pestañas para hacerte dudar. Ayer me encontré con algunos porque el día era propicio para somatizar los alaridos del cielo.
El cambio de estación es el estadio de los sucesos inesperados. El momento donde hasta el más tonto es capaz de comprender la luna aunque no haya dedo que la apunte.
Para la mayoría el denostado entretiempo es otra cosa. Son días difíciles, de engancharse al pulmicort y padecer cefaleas que curiosamente provoca la madre naturaleza coronada de gramíneas. Es así excepto para ellos, que bailan libres de cortisona y no rebuznan, tal vez como premio por haber reventado al diablo sobre un tablero de parchís.
Ayer vi a tres. Gremlins que chillan aun cuando callan. Seres mágicos capaces de tirar las copas sin mancharse. Que suben los pies en la mesa creando la sensación de que son los tuyos. Traviesos empedernidos que dan volteretas en las palmas de Dios sin que éste jamás se enfade.
Ángeles de bellas formas e inaprensibles. Vapor de agua sobre un monopatín.
Para la mayoría el denostado entretiempo es otra cosa. Son días difíciles, de engancharse al pulmicort y padecer cefaleas que curiosamente provoca la madre naturaleza coronada de gramíneas. Es así excepto para ellos, que bailan libres de cortisona y no rebuznan, tal vez como premio por haber reventado al diablo sobre un tablero de parchís.
Ayer vi a tres. Gremlins que chillan aun cuando callan. Seres mágicos capaces de tirar las copas sin mancharse. Que suben los pies en la mesa creando la sensación de que son los tuyos. Traviesos empedernidos que dan volteretas en las palmas de Dios sin que éste jamás se enfade.
Ángeles de bellas formas e inaprensibles. Vapor de agua sobre un monopatín.
lunes, 5 de mayo de 2014
Soy un punto
El día en que se convirtió en punto se sintió
extraña. Al principio sólo podía reír. Todo aquello era absurdo: de repente no
tenía piernas; no tenía codos; no tenía nuca ...¡no era nada! Había mudado la
piel en un ente vagamente dimensional estampado en un folio cualquiera de su
mesa. "Soy un punto", se dijo para intentar creérselo. "Soy un
puto signo de ortografía, una bola negra milimétrica, un pegote”.
Pasaron las horas y dejó de sentir el torrente de
sangre que normalmente envolvía su dedo gordo. La respiración se hizo cada
más lenta, más profunda. Sintió angustia. Pavor y después frío. Era lo más
cerca que había estado del miedo. Con el siguiente latigazo se hizo consciente
de su diminuta superficie y se imaginó qué aspecto tendría desde fuera. Qué
ocurriría si alguien cogiese ese folio y se pusiera a examinarla. Qué pensarían
de sus trazas. "Menuda pinta…”
Después de algunos días se acostumbró al papel en
blanco y ya no le parecía un mal lugar para vivir. “Es mi sitio”. Esa
noche intentó relajar la mente y deshacerse de los planes fantasiosos para
emprender la huida. Qué pérdida de tiempo: ni siquiera tenía una navaja, por no
hablar de que ahora medía dos milímetros, así que su supervivencia fuera del
papel era francamente imposible.
Aceptó su nueva condición y se esforzó al máximo
en mantener despejadas las fosas nasales. “Tengo que respirar, es lo único que importa”. Con esa idea cerró los ojos y se levantó de mejor ánimo al
siguiente día.
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