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lunes, 27 de marzo de 2017

Se fue el dragón

No escribo como antes
se fue el dragón que me susurraba cuentos
no hay manera de abrir la puerta
para chillar el grito que haga volver
la procesión de seres muertos.
Se queja mi dragón de las horas quietas
sin relojes, ni espejos
El día pasa suave
 y ríe por las esquinas
Todas las páginas en blanco





miércoles, 28 de diciembre de 2016

A Melchor, Gaspar y Baltasar


Queridos Reyes Magos:

Gracias por el chaquetón de lana del año pasado y la atinada novela que me regalasteis. Gracias por la caja de Moscovitas que encuentro cada seis de enero en mi zapatilla. En nombre de toda la familia, nos satisface comprobar que os encantan los turrones con los que intentamos resarcir vuestra larga travesía. En unos días volveréis a atravesar la cordillera. Este año no me he andado con medias tintas. He escrito una carta con caligrafía limpia y clara. Me pido gratitud infinita para atraer la mejor versión que la vida puede ofrecer.

Nada más.
Un abrazo,









viernes, 11 de noviembre de 2016

Friday's coaching





Leonard Cohen. Dance me to the end of love


Dance me through the panic till I'm gathered safely in

Touch me with your naked hand or touch me with your glove

lunes, 17 de octubre de 2016

he aprendido (atropelladamente)

1. Los niños no caben en ninguna parte

.Los arrinconan en los hoteles
.Les marginan en los bares
.Comienzan a prohibirse en algunas aerolíneas y bodas.

2. Última esperanza para salvar la natalidad: que la carne de lechón-bebé se convierta en plato de culto y la idea cuaje en los hogares como ingrediente de receta thermomix.

3. Se pueden arrestar balones como se arrestan delincuentes comunes.

4. 'Campamento digital para capturar pokémon. Todas las edades'. Y que triunfe.

5. La Leonarda Da Vinci del medievo se llamaba Hildegarde de Bingen: médica, compositora, pintora,  escritora... Y escondida.

6. La intolerancia cada vez es más plural y consensuada.

7. Es más fácil mover una catedral de sitio que cambiar de convicciones.

8. Si no lo veo no lo creo pero si lo siento lo magnifico. El mandamiento del hombre moderno.

9. Hay que etiquetarlo todo. Al alto, por haber crecido mucho.  Al enano, por pequeño. Al celiaco, por no comer gluten. A los raros, por infrecuentes.

10. Si no quieres que algo se sepa no se lo comentes ni a tu almohada.










viernes, 23 de septiembre de 2016

friday's coaching

NOTA: Play a partir de 00:59!

The Less I know The Better
Tame Impala. Currents

Para los 'Angie Brad' que son; han sido; o serán

martes, 6 de septiembre de 2016

El día que J. J Ludwig encontró su cerebro

El día que J.J Ludwig encontró su cerebro todos parecían aliviados. Catherine saltó de la silla donde tenía pegadas las nalgas desde hacía treinta y siete noches y bufó al cielo. Se apresuró a coger la cesta y fue repartiendo platos de postre y cucharitas por la sala.

Su primo Samuel le paró los pies al averiguar sus intenciones. "Debe de estar loca si piensa que vamos a comer ahora pastel de arándanos con nata". Su madre, que apenas podía articular palabras después del acontecimiento, recibió con una sonrisa hundida su trozo. La pobre Cathy había estado cuidando de su hermano todo este tiempo y eso significaba mucho. "Se merece un descanso y ésta es su manera de aliviarse". Til, perplejo ante la condescendencia maternal, prefirió marcharse a fumar un cigarro.

Julian Beever
Desde las profundidades de su batín azul, J.J Ludwig respiraba lento, a brazada larga. El tintineo de los platos le devolvió de pronto a la superficie. Ahí estaban todos. Cath se pavoneaba ahora por la sala mostrando la caída de su vestido nuevo.  Samuel no pudo contener la risa al ver a aquella mujerona soltarse la melena.

J. J Ludwig se contagió del ambiente festivo y comenzó a agitar las manos como un niño de parvulario. "Esta reacción no es propia de J. J", pensó su madre mientras pasaba la lengua por el plato para aprovechar los últimos restos de nata.

A partir de entonces muchas cosas iban a cambiar. La radiografía del doctor Shepherd no dejaba lugar a dudas. El cerebro de J. J Ludwig se había ido desplazando a través de su cuerpo hasta recabar en un pequeño hueco, un espacio minúsculo entre la cutícula y las falanges del dedo de su pie derecho.

"Con un cerebro del tamaño de una avellana, a qué se va a dedicar ahora. Su cabeza era su vida. Jamás podrá volver a trabajar en la City". Til se mordía el puño de pura impotencia. "Las aportaciones al plan de pensiones, la universidad de los chicos, la casa del lago, la cartera de clientes...Todo suspendido. Tanto empeño en construir algo para nada".

Ese día  J.J durmió en la casa de sus padres, entre las mismas sábanas que tantas noches había revuelto  construyendo, pieza a pieza, su vida de adulto. Pero esta vez la calculadora de planes futuros no estaba encendida. Su cabeza, lejos del pecho, le dejaba por una vez tranquilo.

A la mañana siguiente se despertó como un aspirador nuevo. Sin más ambición que la de salir de la caja y hacer ruido.

Julian Beever