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martes, 10 de febrero de 2015

Primate sin tacto

Comenzó a buscar los pantalones amplios de inmediato porque en sus bolsillos holgados podría guardar mejor el secreto. Por un instante fue consciente de que el pánico no tardaría en entrar en la habitación así que antes de que el miedo pudiera doblegar su voluntad decidió hacerlo ella misma. Sin dudarlo un segundo, la agarró por la cabellera y tras un mínimo forcejeo consiguió silenciarla en el cajón donde desde hacía meses se arremolinaban las pulseras sin cierre y los calcetines sueltos.


Ajena al susurro sabelotodo de la conducta de pronto todo le pareció más sencillo. Tan sólo debía responder a los impulsos externos, y desenvolverse como un primate que retoza por la naturaleza hasta que desgarra de ella lo que desea. 

ugenamagenta.blogspot.com.es




Prensó el pantalón entre los dientes: la tela era fría como el acero. Sintió dentera pero debía aguantar el espasmo e idear la manera de deslizar las extremidades por cada una de las perneras. La tarea era compleja y el esfuerzo fatuo. Al décimo intento, el instinto le alentó a probar una estrategia diferente, pero la invitación le llevaba directamente a un sótano sin salida.



Intentar coger el pantalón con las manos no había sido buena idea. Porque ella ya no tenía manos. Le colgaban de la muñecas, sí, pero se habían convertido en marionetas privadas de sentido y tacto. En realidad, carecía de yemas en los dedos. Las había perdido con el paso del tiempo, o eso creía, pero tal vez sería más honesto recordar que habían desaparecido por el estrés brutal al que estaban sometidas las almohadillas. 


Las primeras en perder el aspecto de montaña fueron las de los pulgares: se esfumaron al año y pico de enviar mensajes y whatspp masivos. Los índices fueron limándose por otras causas, en general, por culpa de los interruptores (la vitro, las luces, las cámaras). El ansia por tocarlo todo, en una palabra. Los otros tres –anular, corazón  y meñique- se apagaron gradualmente: un cuarto de milímetro por cada jornada al teclado.



De todo esto no guardaba más que un recuerdo intermitente. Antes de cerrar los ojos para descansar, y sin la decisión clara de volver a intentar su hazaña, tartamudeó para sus adentros. Se puede vivir sin voluntad. Sin instinto. Y perderlos a ambos por las yemas de los dedos.

miércoles, 28 de enero de 2015

He aprendido

  1. Los hombres son hombres y las mujeres cuestión de género
  2. No llames becario al peor pagado...Llámale 'top-dog' como en Estados Unidos. 
  3. Latrocinio, para describir según qué actos, es la opción fonéticamente más digna para el que defiende el hurto (evitar las palabras que terminan en '-ón')
  4. La autoridad que no admite réplica sale de la mirada y de la vena del cuello
  5. Si tienes una idea no la sueltes de carrerilla, cuéntala con un power point porque a menudo  los medios que pensabas más absurdos tienen tirón y cumples el objetivo.
  6. El cielo de tormenta asusta,  excepto al que ve la oportunidad. Las ranas del Congo copulan sin parar: gracias a la lluvia los machos se deslizan por la cima de las hierbas y al cantar atraen a su fémina. Una vez unidos se dejan caer y siguen con lo suyo en la charca...
    rafaelpenadp.blogspot.com
  7. Lo desconocido es el campo de todas las posibilidades
  8. Abrazar la incertidumbre no es la mejor opción. Es la única
  9. Lo bueno de levantarse pronto es que está todo por hacer 
  10. No hay que acabar en diez

jueves, 8 de enero de 2015

jueves, 11 de diciembre de 2014

Noche psicológica

Sucedió ayer. Ayer perdí de vista la pierna derecha y aún siento el vacío. Caminaba por la calle por la que siempre regreso a casa sin demasiada prisa, como esperando un milagro de miércoles que me hicera despertar.  

Ahí está la papelería; cierran tarde. La parada de autobús sin marquesina ni gente. El adoquín levantado. La residencia de estudiantes con motos fluorescentes en la entrada, y un poco más adelante el Steven. Me gustan los nombres de bares. A menudo la palabra elegida es inversamente proporcional al glamour que encuentras dentro pero todo esto tiene algo de fascinante. Igual que los nombres que se ponen a los bebés. Los hay que desprenden purpurina y fuegos artificales. Son elecciones donde uno proyecta anhelos y sobre todo carencias.  ¿Por qué los del Steven habrán llamado así al Steven? Tal vez por Steven Spielberg. O por Steven Gerrard el jugador del Liverpool. O simplemente porque el dueño es un escocés que tuvo claro que en Madrid tenía que tener su propio ‘bar Manolo’. Es una pena que no hubieran añadido un par de sílabas. Lo habría llamado Estevenson, en recuerdo del padre de El extraño caso del doctor Jekyll y Míster Hyde.  Qué mejor elección para homenajear a los neuróticos de personalidad escindida. Esta ciudad es portadora de cientos.

Echo una mirada por la cristalera. Veo señoras de cierta edad que catalogo como naranjas en conflicto: matarían por quitarse la cáscara de encima, es decir, por perder corporeidad en favor del jugo. Ahí están esos  hombres de barriga desplegada y canas expertas en barras.  Beben ron fundalmentalmente en vasos de tubo. Todo el que llega deja el abrigo o las bolsas en el perchero de la entrada y corre a unirse al resto, como si tuvieran que encontrar el niño de la clase que les ha prometido el cromo que les falta.   

Los hielos no se habían derretido aún cuando siento que algo me roza la chaqueta. ¡La pierna! La furgo que la ha arrollado desaparece entre la oscuridad.  No veo nada.  Pienso en llamar al Samur. Pienso en que quizá alguien la podrá coser. Pienso que este bar debería cambiarse de nombre. 


Delante del Estevenson. Noche psicológica de horror




miércoles, 26 de noviembre de 2014

La parpaja

Las empresas deben empeñarse en disponibilizar (palabra retorcida que no recoge el RAE) sus recursos, técnicos y humanos; los trabajadores, en eficientar (tampoco figura) las herramientas  que les ofrece su puesto en la oficina. Y así es cómo todos ganaremos en comportamiento actitudinal (¿Verdadera o Falsa? Verdadera, pero ciertamente fea)

Uno se mueve con demasiada frecuencia en ambientes que son difíciles de clasificar. A veces la densidad viene de las personas mismas, a las que te gustaría meter el dedo en el ojo, remover suavemente y aún con esas algo te dice que mantendrían la mueca plana, el dolor ausente. Otras son las cortinas, mártires de poliuretano que quieren dejarse arrastrar por la gravedad y no pueden. También hay barrotes levantados con palabras que una mano recoge en una esquina cualquiera para lucirlas en descapotable.





Y entonces sólo cabe rendirse, dejar que los pies se abran a cada lado porque ni siquiera la voluntad más obstinada comprende algo de todo aquello. Natural que el cerebro salga por patas.

Ajá, una parpaja. Este insecto ha cruzado la M-30 sorteando toda suerte de obstáculos para llegar hasta aquí intuyendo que no volverá a  saltar entre cañas de cebada. 

( 'Parpaja'; voz ausente en el RAE. La diferencia:  el nombre no aprisiona al nombrado)




miércoles, 12 de noviembre de 2014

El milagro, el accidente

Será este un post desordenado. La consecuencia de retales desprovistos de su coordenada del tiempo  que por alguna razón había que convertir en traje.
 
11 de la mañana
He llegado arrastrando los pies al bar del camarero zen de dientes diminutos y sonrisa sincera. Aletea de un lado para otro entre cruasanes y panes muertos. De este sitio lo único bueno es el café, mejor en trago corto. Abro una revista: San Francisco en dos calles. ¡Allí está I! Me la imagino como una habitante más de la ciudad entramado de permanentes transformaciones.
 
¿Volverá?
 
Unos días después
I. me confirma lo que ya sabía. De pronto los horarios, la comida, la gente sin partida de nacimiento le devuelven a la etapa universitaria. La diferencia es esa capa fina bien pegada al cuerpo, imperceptible para el ojo humano. A veces lo llaman experiencia.
 
A los dos días
Me llegan algunas fotos de I y me pongo de buen humor viendo Cuarto Milenio (¿). "Hay una posibilidad entre un diez seguido de dos millones seiscientos ochenta y cinco mil de que cada uno de nosotros exista" . Habernos conocido no es un accidente, sino un milagro.
 
I. no es cualquiera. Usted tampoco anónimo lector.